La II Cumbre de Bioetanol, realizada en Tucumán el 21 de agosto pasado, abarcó no solo las perspectivas industrial, política y legislativa, sino que también incorporó una mirada sobre la transición energética que demanda el mundo, apoyándose en la tecnología emergente.
En ese contexto, Agustín Torroba, representante del Movimiento por la Transición Energética de la Movilidad en Argentina, planteó que el país tiene condiciones para ocupar un lugar central en el desarrollo de los biocombustibles y consolidarse entre los principales proveedores globales.
El especialista participó en la provincia de un encuentro con representantes de organismos técnicos y de investigación, como la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), realizado en el marco de la jornada organizada por el Instituto de Promoción del Azúcar y Alcohol (Ipaat).
Al analizar las oportunidades para el sector y los desafíos de una transición hacia una movilidad más sostenible, destacó la disponibilidad de materias primas y el potencial de las cadenas agroindustriales argentinas.
“Somos uno de los países, yo diría, top cinco, con más potencial para agroindustrializar todas estas materias primas en formato de biocombustibles sostenibles”, afirmó. En ese sentido, mencionó al maíz, la caña de azúcar y el aceite de soja como recursos con capacidad para ampliar la producción y generar mayor agregado de valor.
Sin embargo, se plantea una incógnita en la actividad respecto de los plazos para lograr establecer un polo de desarrollo que sirva como trampolín hacia una expansión y un posicionamiento mayor del mercado del etanol. En esa línea, Torroba subrayó que primero deberán superarse los tiempos políticos y avanzar en un nuevo marco normativo. Como referencia, mencionó la experiencia de Brasil, que fue agregando un punto porcentual por año.
“En una década podríamos llegar a casi duplicar la producción de etanol solo con este mercado libre. Obviamente, eso requiere trabajo, coordinación, inversiones. Más que un salto, es una secuencialidad”, estimó.
La transición energética, además, adquirió una nueva dimensión en el escenario internacional. Torroba señaló que a los argumentos vinculados con la descarbonización y el cambio climático se sumó el de la seguridad energética, ante las fluctuaciones de precios y los problemas de abastecimiento de combustibles y petróleo que afectan a los mercados internacionales, a raíz de las guerras.
“Hoy, comparativamente, los biocombustibles son mucho más baratos”, afirmó. También destacó que la oferta de materias primas se encuentra más descentralizada que la producción petrolera.
El especialista sostuvo que los biocombustibles cuentan con una ventaja ambiental en un contexto en el que el mercado mundial demanda productos de bajas emisiones. “En la actualidad, el mundo está pagando por biocombustibles de bajas emisiones y el agro argentino tiene esa característica, poder producir biocombustibles de muy bajas emisiones”, señaló.
Según Torroba, también comenzó a consolidarse una mayor madurez entre los distintos sectores involucrados en el debate. “Veo una madurez en todos los actores”, afirmó, al mencionar la participación del sector público, el privado, la sociedad civil y los organismos internacionales en la construcción de consensos sobre los pasos que debería seguir el país.
Consultado sobre los proyectos de ley vinculados con los biocombustibles que se debaten en el Senado nacional, evitó inclinarse por una iniciativa en particular, aunque consideró que en todas existen señales de avance. Entre ellas mencionó las propuestas para aumentar los cortes obligatorios en naftas y gasoil y la incorporación de nuevas tecnologías, como los vehículos Flex, capaces de funcionar con nafta, etanol o una combinación de ambos combustibles.
“El debate nacional” también comenzó a incorporar temas vinculados con los combustibles sostenibles de aviación, observó. Para el especialista, la discusión internacional está contribuyendo a que el debate argentino “madure” y avance hacia nuevas alternativas para el desarrollo de la movilidad y la producción de energía.
Apertura y motores Flex
Respecto de una eventual apertura del mercado de biocombustibles, Torroba consideró natural que, después de dos décadas de promoción del sector, se introduzcan gradualmente mayores componentes de competencia. A su entender, la apertura no necesariamente implicaría un aumento de las importaciones debido a la competitividad que presenta actualmente la producción argentina frente a referencias internacionales. Más que una apertura plena, propuso avanzar hacia mecanismos que reduzcan gradualmente la intervención estatal en la fijación de precios y volúmenes de producción. “El sector de biocombustibles en Argentina es altamente competitivo”, afirmó.
En cuanto al futuro de la movilidad, diferenció el desarrollo de los vehículos eléctricos del potencial inmediato de las tecnologías Flex. Mientras que la electrificación requiere nuevas redes de carga, infraestructura y una expansión del sistema eléctrico, consideró que los vehículos de combustión interna seguirán teniendo un papel predominante durante los próximos años.
“Tenemos que buscar distintas formas de que la combustión interna sea más sostenible”, señaló. En ese escenario, ubicó a los vehículos Flex y a los híbridos Flex como alternativas de transición, especialmente por su capacidad para utilizar etanol y nafta.
Torroba consideró que las primeras oportunidades para la expansión de esta tecnología podrían concentrarse en las regiones cercanas a las plantas productoras de etanol, debido a los menores costos logísticos. Mencionó al Norte argentino, Córdoba, San Luis y Santa Fe como zonas con potencial para encabezar ese proceso, aunque también sostuvo que el bajo precio del etanol podría abrir oportunidades en los grandes centros urbanos.